sábado, 19 de mayo de 2012

Prólogo Condena


Prólogo Condena.

Todo estaba en llamas. Había mucho humo, apenas podía respirar. Mi pierna izquierda estaba atrapada bajo unos escombros, impidiéndome escapar de aquel infierno en llamas.

Mi vista se comenzó a nublar, mis sentidos, se apagaban. Parecía que mi hora había llegado.

-No quiero morir…

Cerró los ojos y se quedo tumbado. Apenas podía mantenerse consciente.

-Vendería mi alma por seguir vivo un día más…

De pronto una fría sensación le recorrió el cuerpo. De la habitación salió una oscuridad, que consumió las llamas que había.

-¿Cómo es posible?- pensó extrañado.

Ante él, se postró un individuo. Portaba un extraño atuendo largo, de color negro. Su rostro no se podía apreciar, porque lo cubría una oscura capucha negra. En una de sus manos portaba una larga guadaña, y en la otra tenía un papel.

-Kagimura Habaki, he venido a cobrarme tu vida.

Habaki estaba apenas consciente, no parecía muy sorprendido al ver semejante sujeto.

-Debo estar delirando, mi cabeza no funciona bien – dijo Habaki entre carcajadas.
-Te propongo un trato humano.

Habaki continuaba riéndose.

-Te salvaré la vida hoy a cambio de que, cuando mueras, me darás tu alma.

Las risas se cortaron de pronto. Eso lo escuchó bien.

-No pierdo nada, sino me salva moriré- pensaba, y añadió- Acepto el trato.
-Perfecto- dijo el hombre con tono siniestro.

La guadaña desapareció y por esta salió una pluma estilográfica.

-Tienes que firmar aquí y poner una gota de tu sangre.

El individuo le acercó el papel y la pluma. Habaki cuando lo tuvo en sus manos vio como las letras se movían creando un contrato.  Firmó en la parte inferior del documento. Seguido el ser oscuro, extendió su brazo agarrando el de Habaki. Este gritó al ver que no era humano, era un brazo esquelético. Le quitó la pluma y le pincho en el dedo índice, donde comenzó a brotar un poco de sangre.

-Ahora, concluye el contrato y saldrás de aquí con vida.

Estaba impactado y algo asustado. Acercó su mano temblorosa al contrato firmado, y dejó su huella en sangre.

El contrato desapareció y se comenzó a escuchar un pequeño murmullo, que acabó en una fuerte y fría carcajada.

-Trato finalizado- dijo con voz sombría.

Fue lo último que escuchó antes de desmayarse.

Notó que algo le golpeaba la cara débilmente. Abrió uno de sus ojos y vio a una hermosa niña.

-Señor ¿Se encuentra bien?

Se levantó lentamente, hasta quedarse sentado en el suelo. Se llevó una mano a la cabeza, por el fuerte dolor de cabeza que tenia. La niña se levantó y se sacudió el polvo que tenía en las rodillas.

-Cuídese señor, tenga más cuidado de no desmayarse por la calle.
-Pequeña, ¿Cómo te llamas?
-Soy Enma- dijo mientras se marchaba corriendo.

Pegó un vistazo a su alrededor.

-¿Qué hago en este callejón?- se preguntaba.

Estaba algo confuso, se miro la pierna, y la tenia perfecta.

-¿Seria una pesadilla? Parecía muy real todo, sobre todo el dolor que sufrí…

Se puso en pie, tras haber estado un rato pensativo. De pronto le vino un fuerte dolor del hombro izquierdo. De debajo de la manga corta de su camiseta, caía un fino chorro de sangre.

-¿Estoy herido en el hombro?- pensó.

Se quitó un instante la camiseta y se vio una extraña marca gravada en la carne de su hombro.

-¿Qué demonios es esto?

Se quedó mirando la marca durante un breve tiempo. La herida dejó de sangrar. Se limpió como pudo el hombro para no manchar mucho mas su camiseta. Se puso la camiseta y se dirigió a su casa.
De camino, le extraño ver muchas patrullas de policía, varias ambulancias y algún camión de bomberos.

-¿Qué habrá ocurrido?- se preguntaba.

De pronto vio mucho movimiento por alrededor del edificio donde vivía. De algunas ventanas se podía ver que salía un poco de humo.

-No puede ser- dijo incrédulo, mientras caía de rodillas al suelo.

Se le acercó un policía.

-Disculpe, los civiles deben alejarse de aquí.
-¿Qué es lo que ha ocurrido señor agente?
-Anoche hubo un gran incendio, desconocemos las causas que lo provocaron.
-Yo vivo en ese edificio ¿Ahora qué puedo hacer?
-Ofrecen unas ayudas en una residencia a dos calles de aquí. Vaya allí y identifíquese como propietario de este edificio.

Habaki se quedo un poco anonadado.

-Al menos sigo con vida.

De camino a la residencia, se chocó con un hombre del camino. Este se volteó encarándole.

-¿De qué vas?
-Disculpe, estaba un poco despistado.

El hombre metió rápido una mano en uno de sus bolsillos.

-Me las pagaras. Dame todo lo que llevas encima.

Rápidamente sacó su mano del bolsillo, poniéndosela en el abdomen a Habaki. Notó como algo punzante se clavó en su abdomen, y como rápidamente comenzaba a salirle sangre a borbotones. El hombre sacó la delgada navaja y se alejó dos pasos.

Habaki se llevó una de sus manos a la herida para intentar detener la hemorragia. Le invadieron unas terribles nauseas y cayó al suelo perdiendo el conocimiento.

-Ha llegado tu hora- dijo una voz.

Cuando abrió los ojos, volvió a ver al individuo que vio en el incendio de su casa.

-Entonces fue real lo de mi casa- dijo alterado.

Este le enseñó el contrato firmado y con su huella en sangre, de que cuando muriera vendía su alma.

-Has muerto, y vengo a por tu alma.

Entonces recordó al hombre que le apuñalo en el camino.

-No puede ser. Esa puñalada no parecía ser mortal.
-Lo fue, moriste desangrado y ahora tu alma me pertenece.

El individuo mostro su brazo esquelético de debajo de su túnica oscura. Con un rápido movimiento introdujo su mano en el pecho de Habaki.

-Ya se cual será tu condena- dijo tenebrosamente.

De debajo del traje, comenzaron a salir unos insectos alargados, parecían ciempiés negros, que recorrieron rápidamente por el brazo de éste, hasta introducirse dentro del cuerpo de Habaki.

-Tu nombre a partir de este momento será Skull, y serás el encargado de guiar a las personas al infierno. Engañándolas y consiguiendo sus almas para nuestro señor.

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